El Club

POR UN CLUB DE PRIMERA

Nota de opinión de Pablo Ramón, periodista de Olé e hincha de Gimnasia, que salió publicada en Revista LetraG 127 esta tarde en el Bosque.

No me preocupa el equipo. A ver… Cada vez que juega Gimnasia me desintegro en nervios, el referí siempre cobra mal, no me alcanzan las cábalas, los Santos ni los Dioses. Pero no es lo deportivo lo que me desvela, porque el Lobo es de la A, lo marca la historia de un club indestructible, movido por la pasión de esta raza de eternos sobrevivientes que somos los hinchas de Gimnasia. Su vuelta, más tarde o más temprano, será una consecuencia natural de otro hecho más profundo, más complejo, más difícil de lograr por lo que ha sido nuestro comportamiento histórico como movimiento colectivo: antes que el equipo tenemos que ascender a Gimnasia como club.

Esto, claro, es más fácil decirlo que hacerlo, sobre todo porque excede largamente a un presidente, una Comisión Directiva, un grupo de dirigentes. En 1943, un puñado de socios y de hinchas, entre los que estaba mi abuelo, fundó “Arriba Gimnasia”, una agrupación que dio vuelta como una media la vida del club, se montó sobre un entusiasmo popular desbordante, lo condujo, le puso acción y reflexión a la pasión, y al año siguiente volvimos a Primera. En 1983, después de casi irnos a la C, hubo una profunda transformación de las entrañas de un Gimnasia enfermo y malherido. Fue, quizá, el último período de sensatez institucional, que desembocó en el triunfo en el Octogonal de 1984 y fue el terreno fértil para la revolución futbolística que el Viejo Griguol llevó adelante unos años después.

De la misma manera pero a la inversa, el doloroso descenso sólo fue posible por muchos años de decadencia, de malas administraciones, de dejadez y de deshonra. El presidente que nos devolvió al fútbol grande es el mismo que no pudo evitar la pérdida de la categoría. Entre un hecho y otro pasó más de un cuarto de siglo, y hoy estamos en el mismo lugar de entonces y con los mismos problemas. Una paradoja enorme, de un simbolismo que impacta, y que debería hacernos reflexionar largo y profundo.

Recién en los últimos meses empecé a ver, a la distancia, (una de las ventajas que tengo de no vivir en La Plata es poder observar el Bosque desde un árbol) cierto despertar interno. La lucha por el estadio que nos enseñó el inolvidable Néstor Basile por fin está tomando forma. Hay una idea, un proyecto y almas a su alrededor. Es de esperar que las intenciones que asoman buenas no se diluyan en peleas de cartel y que, de a poco, podamos tener el Bosque como lo soñamos. La remodelación de Estancia Chica es otra obra importante y otra gran noticia: no olvidemos que hace no mucho tiempo, un presidente quería venderla.

El movimiento, incipiente, es demasiado reciente como para que tenga el impacto necesario. Gimnasia no puede volver a Primera igual que como se fue, por eso hay que golpear la puerta del club y pasar. Es lo bueno de las reconstrucciones, cada aporte, por más mínimo que sea, tiene el valor de un tesoro. Por fortuna, la llegada de Troglio nos ahorró un año de trabajo. El equipo, hace seis meses atrás, se venía a pique. Y hoy hay un plantel consolidado, con pibes del club de enorme categoría. ¿Nos alcanzará para ascender este año, en un torneo plagado por equipos fuertes, que nos llevan ventaja por tener a sus clubes en orden? Sin dudas, es una prueba muy difícil. Si se da, será una bendición, quizá inesperada. Pero este Gimnasia, nuestro Gimnasia, necesita que lo pensemos más allá del fin de semana. A punto de cumplir 125 años, el club está más joven que nunca. Y queda todo por hacer.


Pablo Ramón - Periodista de Olé e hincha del Lobo