El Club

</b>LOS OJOS BIEN ABIERTOS<b>

El equipo sembró ilusión y la misión es el ascenso pero no hay que dejar de lado el trasfondo de la cuestión. <b>Editorial de la Revista LetraG 124.</b>

A cinco días del triunfo en Tucumán las ilusiones emergen renovadas. El Lobo está sexto, a siete puntos de la cumbre del campeonato y aún quedan 18 fechas. Pedro Troglio le brinda al Hincha la tranquilidad de tener bien en claro los pasos a seguir en el plano futbolístico. Gimnasia convenció hasta a los pesimistas con su actuación ante Atletíco, y la misión de ascender este año sigue más vigente que nunca.

Pero más allá de lo que tiene que ver con el Fútbol, muchas cosas se hablaron durante el verano. Cuando se supo que los empleados del Club abandonaron sus tareas porque se les adeudaba el sueldo, la desorientación fue colectiva en cada uno de los sectores que, de una forma u otra, formamos parte de Gimnasia. Porque no nos cabe la idea de que mientras los empleados reclamaban (con todo el derecho del mundo) en las puertas de la Sede, la dirigencia que encabeza Héctor Delmar se movía para abrochar las contrataciones de Tallarico y Altobelli, a priori innecesarias (tampoco es cuestión de caerle de lleno a estos dos futbolistas sin antes haber dejado que muestren sus atributos en el campo de juego) en un plantel donde los jugadores abundan y, por lo tanto, los sueldos también. Las cuentas no son claras: se sigue sin mencionar las cifras de los contratos y todo se cierra con un hermetismo de bandalaje.

Hace tiempo atrás nos prometieron la construcción de la platea H. Hoy andamos en veremos. El arquitecto Luís Díaz no ofrece certezas ni de tiempos ni de costos simplemente porque no las tiene, porque nadie se las da. Mientras tanto, cada vez que algún equipo pseudopoderoso como Rosario Central viene a La Plata, se habla de una mudanza al Estadio Ciudad para recaudar fondos. ¿Algún crédulo piensa que ante el Canalla se juega en el Bosque porque Delmar y compañía salvaguardan más allá de todo la voluntad soberana del Socio? Podríamos recordar la deuda de Gimnasia con el equipo rosarino, que data del pase de Vizcarra y que asciende a casi la mitad de lo que el Lobo ganaría haciendo de local en 25 y 32, con 10mil canallas en la tribuna visitante. Oportunidad de las buenas (a favor de Central) para aprovechar el momento futbolístico de los de Pizzi, repletar la tribuna con 10mil personas que pagan 40 pesos cada una, y cobrarse la deuda con la mitad de ese mismo monto. Nada es casual. Nada está claro. Salvo el hecho de que los socios por votación son quienes deben decidir dónde juega el equipo. Pero eso, en Gimnasia, es utopía.

Existen mil maneras distintas de fomentar el crecimiento económico de un Club tan popular como Gimnasia. Trabajo arduo sin la búsqueda de un beneficio personal, proyectos serios y voluntad. Ésas son las claves del éxito. Lo demás viene solo.

Por todo esto y mucho más, a pesar de que el Lobo de Troglio auspicie destinos promisorios, es el Hincha de Gimnasia el que debe mantener los ojos bien abiertos. Hoy la misión es ascender, nadie lo duda. Pero detrás hay un trasfondo que no debe pasar inadvertido. El ejemplar 124 de LetraG Revista profundiza en estas cuestiones.


Letra G