F. Juvenil
02/11/2015
¿HASTA CUÁNDO?
En la semana reciente se abrió paso al concepto de griguolizar. El volantazo de Onofri y compañía en materia de divisiones juveniles pegó fuerte en el propio seno dirigencial y, por supuesto, en Gimnasia todo. EDITORIAL
No es novedad que Troglio cumple roles diversos que debiera soslayar. La tarea de mero director técnico del primer equipo tripero dista y mucho de ser la única al alcance de su radar. Y mientras en Gimnasia se abren grandes debates que definirán grandes cosas en el futuro, la dirigencia debería apuntalar un modo específico de gestión: ¿cada pieza en su lugar o piezas movibles y poli funcionales? Allí radica la cuestión primaria.
En la semana reciente se abrió paso al concepto de griguolizar. El volantazo de Onofri y compañía en materia de divisiones juveniles pegó fuerte en el propio seno dirigencial y, por supuesto, en Gimnasia todo. Lo cierto es que si con el cambio el presidente tripero busca encauzar al club dentro de márgenes griguolianos, ya de movida arrancó mal: desbaratar un proceso (por más falencias que tenga) de un momento a otro y sin consulta previa, representa la antítesis de la marca registrada de Carlos Timoteo Griguol.
Por otro lado, emerge un punto clave: la tarea del Yagui Fernández no ha sido la mejor. Hay que decirlo (hace tiempo que desde Letra G lo venimos puntualizando). No solo desde los resultados (lo mínimo que importa en los procesos formativos son los resultados deportivos) sino también en el plano de la formación de jugadores, lo del Lobo viene siendo pobre. Gimnasia pierde por goleada ante otros equipos de Primera División que a menudo recurren a futbolistas del semillero y los suben a la máxima categoría.
Enumeremos. ¿Cuántos jugadores de la gestión Favio Fernández fueron adoptados por Troglio y tienen hoy lugar en Primera División? El único de la fila es Ezequiel Bonifacio. Por lo demás, solamente hubo esporádicas apariciones de chicos a los que todavía hay que pulir, ya todavía que no han madurado de acuerdo a las exigencias del mercado actual. Es por eso que resulta curioso que Pedro, que nunca confió en los futbolistas juveniles del Yagui, hoy ponga el grito en el cielo por la decisión (pésima desde el modo) de Onofri.
Atrás quedó la impecable tarea de la dupla Morant-Ortíz, de la que se desprendieron baluartes que hoy son figuras del primer equipo del Lobo o de otros conjuntos de Primera División y del exterior. ¿Hace falta mencionarlos? Fabián Rinaudo, Milton Casco, Lucas Castro, Denis Stracqualursi, Lisandro Magallán, Maximiliano Meza, Nacho Fernández, Franco Mussis, Oliver Benítez, Matías García, Luciano Aued, Fernando Monetti, entre otros. La diferencia es clara. Un dato: esta misma dirigencia fue la que le soltó la mano a Morant para ejercer un cambió inexplicable de timón, allá por 2012.
Las aguas están divididas y el que sale perjudicado es Gimnasia. Mientras tanto, ni Estancia Chica ni el Bosquecito representan las fisonomías adecuadas que se necesitan para llevar adelante un proceso formativo de jugadores. ¿Hasta cuándo?
En la semana reciente se abrió paso al concepto de griguolizar. El volantazo de Onofri y compañía en materia de divisiones juveniles pegó fuerte en el propio seno dirigencial y, por supuesto, en Gimnasia todo. Lo cierto es que si con el cambio el presidente tripero busca encauzar al club dentro de márgenes griguolianos, ya de movida arrancó mal: desbaratar un proceso (por más falencias que tenga) de un momento a otro y sin consulta previa, representa la antítesis de la marca registrada de Carlos Timoteo Griguol.
Por otro lado, emerge un punto clave: la tarea del Yagui Fernández no ha sido la mejor. Hay que decirlo (hace tiempo que desde Letra G lo venimos puntualizando). No solo desde los resultados (lo mínimo que importa en los procesos formativos son los resultados deportivos) sino también en el plano de la formación de jugadores, lo del Lobo viene siendo pobre. Gimnasia pierde por goleada ante otros equipos de Primera División que a menudo recurren a futbolistas del semillero y los suben a la máxima categoría.
Enumeremos. ¿Cuántos jugadores de la gestión Favio Fernández fueron adoptados por Troglio y tienen hoy lugar en Primera División? El único de la fila es Ezequiel Bonifacio. Por lo demás, solamente hubo esporádicas apariciones de chicos a los que todavía hay que pulir, ya todavía que no han madurado de acuerdo a las exigencias del mercado actual. Es por eso que resulta curioso que Pedro, que nunca confió en los futbolistas juveniles del Yagui, hoy ponga el grito en el cielo por la decisión (pésima desde el modo) de Onofri.
Atrás quedó la impecable tarea de la dupla Morant-Ortíz, de la que se desprendieron baluartes que hoy son figuras del primer equipo del Lobo o de otros conjuntos de Primera División y del exterior. ¿Hace falta mencionarlos? Fabián Rinaudo, Milton Casco, Lucas Castro, Denis Stracqualursi, Lisandro Magallán, Maximiliano Meza, Nacho Fernández, Franco Mussis, Oliver Benítez, Matías García, Luciano Aued, Fernando Monetti, entre otros. La diferencia es clara. Un dato: esta misma dirigencia fue la que le soltó la mano a Morant para ejercer un cambió inexplicable de timón, allá por 2012.
Las aguas están divididas y el que sale perjudicado es Gimnasia. Mientras tanto, ni Estancia Chica ni el Bosquecito representan las fisonomías adecuadas que se necesitan para llevar adelante un proceso formativo de jugadores. ¿Hasta cuándo?